LOS NIÑOS DE LA COLA

¿Quién salvará a este chiquillo

menor que un grano de arena?

¿De dónde saldrá el cuchillo

verdugo de esta cadena?

En El niño yuntero de Miguel Hernández

El 18 de mayo del 2016, un artículo de El Periódico de Catalunya alertaba que niños marroquíes que inhalaban cola, dormían en algunas zonas descampadas de “El Forat de la Vergonya” en pleno centro de la Ciudad Condal.

Te engañaron Mohama,

te vendieron la moto,

te dijeron que Europa era tu paraíso

donde se encuentra el árbol

que te conecta al cielo,

desde donde es posible

dar forma a tus anhelos.

Y así creaste un sueño

sobre un falso andamiaje

y sin bula te fuiste

a cumplir ese empeño,

y dejaste en Marruecos

a miles que como tú,

pese a creer los cuentos,

no sienten todavía

el arrebato apremiante

de haber sido llamados por los encantos

de ese hondo querer de la hipnótica Europa.

1

Y una funesta noche

con la luna muy grande

y salpicado el cielo

de estrellas como estaba ,

te quedaste prendado de la cristiana Europa ,

¡la Europa genocida de dos guerras mundiales

y otro desatinos!,

de sus rubios cabellos,

de sus ojos azules,

y de su piel ¡tan blanca! .

Y ante tales encantos,

inmerso en tus ensueños

como un pobre chiquillo

solo y abandonado

fuiste a su paraíso,

eludiendo a sus guardias,

tropezando en sus muros,

saltando te sus mitos,

hasta que de contrabando,

en un oculto alijo,

¡cruel golpe del destino!,

a la nostálgica España

de “¡Muera la libertad y vivan las cadenas!”

entraste por Melilla

sin saber que ser pobre es allí un delito,

y que la vieja dama mira por sobre el hombro

a los desamparados que igual que tú

se acercan a su hacienda,

negando les el pan

con la insoportable altivez,

con la insistente arrogancia,

con la honda malquerencia

que niegan y desprecian

los que son nuevos ricos.

2

Y un día a media noche por entre calles largas

sin luz en las ventanas,

tiritando de frío llegaste a Barcelona,

donde otro embobado amante

de las bolsas con cola,

con ojos entelados

también a ella buscaba.

Y soñando encontrarla

e inhalando con gula

los malignos vapores que emanan

de un fofo pegamento

al tiempo que te embriagan,

juntitos empezasteis a gestar un “adagio” en la niebla.

Pero ella no responde a esa vuestra llamada

y en una lenta orgía “para arpegiaros bien”

cansados del rastreo,

como el aventurero exhausto

que un albergue ansía,

os quedasteis dormidos sobre un sucio colchón,

igual que un par de pajaritos

uncidos por un perverso trino.

3

“cuatro angelitos blancos tiene mi cama

cuatro angelitos que me la guardan”,

sin haber comprendido, ! chiquillos !.

porque la bella Europa

la de la tez tan blanca,

los derechos humanos y la mirada diáfana,

con sus rubios cabellos,

con la figura esbelta y la mente preclara,

orfebre del infierno de esa infantil llamada,

no salió a vuestro encuentro

a llenar de armonía ese sueño rebelde,

al que unos crédulos niños

declararon al alba, un amor inocente

en sincera alianza,

yendo a buscar en ella

el árbol de la vida

que te conecta al cielo,

donde poetizar los soñados anhelos,

en una noche clara con la luna muy grande

y el cielo salpicado de estrellas como estaba,

ese día les dijo

que les daría amor y un poco de esperanza,

tal vez la misma triste ignominiosa esperanza

que damos a las moscas,

dejar que mueran lentamente

adheridas a un pringoso papel encolado

mientras silenciamos nuestra conciencia

mirando hacia otro lado.

Autor: Enrique Ibáñez

A %d blogueros les gusta esto:
search previous next tag category expand menu location phone mail time cart zoom edit close